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jueves, 14 de octubre de 2021

Línea de fuego, de Arturo Pérez Reverte




https://commons.m.wikimedia.org/wiki/File:C.32-Guerra-Civil-Enero.1939-Masquefa.jpg


 A caballo entre la historia de aventuras y la sátira política, este relato es un microcosmos de la guerra civil y de la sociedad española de los años 30 en general. En esta aventura trepidante, seguimos con ansiedad los pasos de unos personajes vivos y con cuyas impulsos y emociones nos podemos identificar. Tras alcanzar un momento climático, la trama se resuelve de forma torcida, como un tobogán que termina brusco y rasposo hacia un lugar de todos conocido.

Recomendada para personas interesadas en el periodo, o aficionados a las aventuras del autor. 

jueves, 16 de febrero de 2017

El prisionero de Zenda, de Anthony Hope

Al poco penetré en el bosque y, durante una hora o más, caminé sumergido en la penumbra fresca y melancólica. Los grandes árboles se entrelazaban sobre mi cabeza en una enramada tan tupida que los rayos del sol se colaban a duras penas entre las hojas, destellando como diamantes. Era un lugar encantador, por lo que, cuando descubrí un árbol caído, me senté con la espalda apoyada en él y, estirando las piernas, me entregué a la serena contemplación de la solemne belleza vegetal y a saborear un buen cigarro.
Cuando hube concluido el cigarro e inhalado (imagino) tanta belleza como pude, concilié el más delicioso de los sueños, indiferente a mi tren de Strelsau y al veloz transcurso de la tarde. Acordarse de un tren en un lugar así hubiera sido puro sacrilegio: en lugar de ello, soñé que estaba casado con la princesa Flavia, que vivía en el castillo de Zenda y que pasaba días enteros con mi amada en los claros del bosque, todo lo cual era muy agradable. De hecho, estaba justamente depositando un ferviente beso sobre los labios encantadores de la princesa cuando oí (y la voz parecía al principio formar parte del sueño) que alguien decía con tono áspero y estridente:
—¡Esto es diabólico! ¡Afeitadle y será el rey!

Hay una web literaria en la que se usa el nombre de esta obra; y en ella se promociona una nueva edición muy cuidada. No he tenido la oportunidad de verla en mis manos, pero sí que tenía en casa, en mi larga lista de espera, otra que en una colección de aventuras editó El País hace años.

Parece que van llegando a mis manos libros sobre aventuras repentinas seguidas de muchas peripecias. Enfrentarse al desafío, lanzarse al viaje, y acabar siendo alguien distinto. El estilo de Hope es muy accesible, sin ornamentos ni excesos, que permite una lectura fluida a cualquiera. El relato cautiva desde la contraportada, discurre imprevisiblemente, y combina la aventura con gotas de humor. Como ejemplo de la novela de capa y espada, abunda la acción; una acción en la que el autor se esfuerza por que el lector imagine las escenas con fidelidad. En los diálogos se mezclan a partes iguales la inocencia de otras épocas con la lucidez de los fracasos y las desilusiones a los que el ser humano se enfrenta cada día. Por último, otro elemento que explica por qué ha atraído a tantísimos lectores es que es capaz de hacer al lector resonar con la creciente carga emocional de la historia. No es visceralidad, son impulsos, motivos y refrenos de personas reales y sensatas. Una gozada. 

La prosa dulce, el relato improbable, la acción, los diálogos y las emociones son los cinco motivos para zambullirse en este clásico. Aunque me temo que el chapuzón será corto. No sé si quiero, sin embargo, embarcarme en la secuela, Rupert de Hentzau, por temor a llevarme una decepción. Y por cierto, los textos en inglés y en español están disponibles en el Proyecto Gutemberg. Gratis y legal.

By Рекс Ингрэм (режиссёр) (Скриншот фильма) [Public domain], via Wikimedia Commons

miércoles, 17 de febrero de 2016

El atlas de las nubes, de David Mitchell


—El sexteto Atlas de las nubes … Robert Frobisher… La verdad sea dicha, lo conozco de oídas, aunque nunca le he puesto la zarpa encima… Frobisher era un niño prodigio, murió cuando comenzaba a despuntar… Déjeme ver, tengo aquí el catálogo de un vendedor de San Francisco especializado en rarezas… Franck, Fitzroy, Frobisher … Aquí está, con una breve reseña y todo… Sólo se hicieron quinientas copias… en Holanda, antes de la guerra, caray, no me extraña que sea una rareza…

Aunque había oído hablar muy bien de esta novela, no tiene un comienzo que enrede rápidamente la imaginación del lector. La longitud del volumen tampoco ayudaba a incentivar a la lectura. Llevaba tiempo con el libro disponible, y sin hacerle mucho caso. Me encendió de nuevo el interés ver algunas escenas de la versión cinematográfica (que, dicho sea de paso, parece mucho más confusa que la novela). Poner rostro a los personajes dio el empujón definitivo.

Se trata de una novela singular en su estructura, en la que las distintas épocas quedan cosidas de una forma original. Cada relato resulta vívido y atractivo, y el pequeño esfuerzo de sumergirse en él se ve pronto recompensada con una narrativa de una frescura sorprendente. Son llamativos los ecos en los relatos, la encuadernación de unos dentro de otros, y lo adictivo que resulta el final truncado de cada primera parte. Los protagonistas de cada relato son magníficos, cada uno con sus peculiaridades y de acuerdo con el tono de cada historia. El conjunto es el de un conjunto sinfónico de melodías muy conseguido. Muy recomendable.

Surco de un disco para gramófono. Wikimedia Commons.

lunes, 27 de julio de 2015

Hombres buenos, de Arturo Pérez-Reverte

Suenan risas corteses y comentarios sazonados de ingenio. Alguien introduce el nombre de Lavoisier, menciona el aire vital y el aire ázote, y la conversación sigue por ahí. Sentado en el corro de sillas y sillones puestos de cualquier manera sobre una magnífica alfombra turca, vestido de muy correcto oscuro, don Hermógenes Molina, cuyo francés no es lo bastante bueno, asiente con sonrisa bondadosa cada vez que no entiende algo. Junto al bibliotecario, don Pedro Zárate, frac azul con botones de acero y calzón blanco de nanquín, se mantiene un poco aparte en su silla, algo envarado, más observador del ambiente y personajes que atento a la charla.



No soy un juez objetivo; me gustan las novelas de Pérez-Reverte, sus personajes y los mundos en los que se mueven (algunos más que otros, y hay alguna novela que he dejado pasar). En esta parece ofrecer a sus lectores clásicos los elementos que han hecho la biblografía de Pérez-Reverte atractiva a tantos: aventura, libros y cultura, viajes, una mirada mordaz a los tipos hispanos y un estilo rápido, inteligente y divertido.

En esta ocasión, y como novedad, encontramos además un retrato-defensa-exposición de la Academia a la que pertenece, y un juego narrativo (distinto al de El club Dumas) que se parece mucho a una visita medio ficticia, rápida y guiada por la tramoya de una novela. Uno de los puntos fuertes de la novela es la pericia del autor para destilar su erudición y su amplio trabajo de documentación de modo que, no solo no abruma al lector, sino que aumenta su disfrute de la historia.
Como muchas de sus novelas (especialmente de las primeras) es difícil de dejar de leer.

No comparto con Pérez-Reverte su fatalismo en cuanto al progreso de los pueblos (y el español en concreto). Es por ello que, aunque el autor no se identifique con la visión de don Hermógenes Molina (me parece que el autor se viste más de Pedro Zárate que de su compañero), hubiera sido justo permitirle al primero hablar más y completar algunos de sus balbuceos. La pareja hubiera ganado en solidez.